KADJAR o los misterios del naming

Mi espíritu quiere captar las formas mudadas en cuerpos
nunca vistos; oh dioses, vosotros que las cambiasteis,
ayudadme a encontrar cuál fue el origen del cosmos
y traed hasta nuestro tiempo el poema continuo.

Ovidio. Las metamorfosis. Libro I

Renault ha presentado su próximo lanzamiento, un nuevo vehículo todocamino que responde al nombre de KADJAR, una denominación llena de exotismo sin lugar a duda (por cierto, ¿cómo debe pronunciarse?). Parece ser que el nombre corresponde a una dinastía de origen turco que reinó en Persia. Y según los responsables de la marca se compone de dos formantes: KAD, que evoca la palabra quad (motocicleta todoterreno de 4 ruedas) y el sufijo JAR, que remite a los vocablos franceses agile (agil) y jaillir (surgir repentinamente).

Si ellos lo dicen, me lo creo; o al menos fingiré hacerlo. Porque tal vez estemos ante un fenómeno demasiado frecuente en la disciplina del naming y que alguien bautizó con el término posracionalización. El ejercicio posracional empieza justo en el momento en que se encuentra un nombre que se considera que encaja con el producto designado. Entonces, de manera retroactiva se intentan buscar argumentos retórico-poéticos que sirvan para convencer de la bondad de la propuesta y venderla. Pero a menudo los nombres son inexplicables, aparecen como por arte de magia y no necesitan ningún aliño que los justifique. Funcionan y punto. O no funcionan, aunque se les atribuya un origen casi mítico.

 «Good company names are often inexplicable. They just feel right, look good
and seem to resonate with the brand objectives. They just work. But when
asked to justify your proposal, it can be a hard sell. This is where post-
rationalization comes in. The objective of the exercise is to start with a name
that is somehow just ‘right’ and then work backwards. With some convincing
jargon, cunning word play and a hint of poetry, the proposed name can be
shown to be the logical result of finely-balanced ingredients»

Sea como sea, pienso que la marca ha perdido una oportunidad única para alimentar una buena historia alrededor de un nombre lleno de misterio. ¿Por qué desvelar desde el inicio la etimología del nombre? ¿Por qué romper el encanto de lo desconocido? KADJAR da pie a todo tipo de elucubraciones, de manera que se podría haber buscado la participación y la complicidad de los consumidores proponiéndoles que fueran ellos quienes dieran inicio a la historia del nuevo vehículo sugiriendo su explicación para el origen del nombre. Estoy seguro que algunas de sus especulaciones «posracionales» hubieran sido más plausibles que las dadas por la marca.

@Thinkcopy

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