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PUNTA ESTE: naming con ADN murciano

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No es ningún secreto que nos encanta ir de cañas y que una cervecita bien fría acompañada de una buena lectura o conversación es nuestra debilidad. Así que podéis imaginaros qué feliz nos hizo que nos eligiesen hace unos meses para hacer el naming de una nueva cerveza que el pasado febrero llegó al mercado.

Con esta delicia de proyecto, además de disfrutarlo mucho, hemos podido conocer a fondo la marca Estrella de Levante, una compañía cervecera que nos ha sorprendido gratamente por ser un elemento identitario importante de la cultura y sociedad murcianas.  Leer más

Naming y terminología

Los creativos de nombres de marcas que conozco proceden de mundos profesionales muy diferentes. Unos son periodistas, otros publicitarios, también hay quienes son músicos, químicos, poetas, autores teatrales o filólogos. Pero lo que cuenta sobre todo, como ya expliqué en un artículo anterior, ‘El buen namer’, es que todos reúnen un conjunto de características que los hacen ser buenos nombradores.

Yo me inicié en el naming cuando me dedicaba a la terminología. Entonces lo vi como un hecho natural. Como que uno de los campos de interés de la terminología tiene que ver con la creación de neologismos, pensé que esto no debía de estar muy alejado del arte de crear nombres para nuevos productos y marcas.

Desde entonces, mi dedicación al naming -entendido como disciplina y como proceso estratégico y creativo- no sólo me ha servido para confirmar aquella intuición, sino que también me ha permitido descubrir más puntos de contacto o ciertos paralelismos con el trabajo terminológico:

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Jordi García @Thinkcopy

Nombres que mueven, nombres que paralizan

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Mi hija Marina tiene un año y medio y está aprendiendo sus primeras palabras. Uno de sus juegos favoritos es descubrir los nombres de todo lo que ve en sus cuentos. Generalmente se detiene en un par de páginas unos minutos y me señala, uno a uno, los dibujos que más le llaman la atención. Entonces yo le digo el nombre que tienen esos objetos representados y ella repite la rueda una y otra vez, señalando mientras escucha atenta las palabras, absorbiendo gradualmente un lenguaje que en el momento menos pensado acabará saliendo de su boca para regocijo y consiguiente babeo de sus padres, esto es, servidor y su pareja Anna.

Poner nombre al mundo que nos rodea, pasarlo por el tamiz del lenguaje, es darle un sentido que podemos compartir. Cuando somos niños, ese nombrar es especialmente pasional (en cierto modo, descubrimos el mundo al ritmo de las palabras). Entre los adultos, sólo algunas personas conservan esa suerte de pasión infantil por el lenguaje. Supongo que filólogos y escritores están entre ellos.

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¡Al diablo con el naming!

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Cuenta una leyenda belga del siglo XIII que Gambrinus, un joven vidriero con el corazón roto por una tal Flandrine, iba directo a quitarse la vida cuando el diablo se le apareció en el bosque para proponerle un pacto. Si Gambrinus le cedía su alma, él le otorgaría un don irresistible para conseguir el amor de su amada. Por si fuera poco y como garantía, el diablo ofreció al joven un segundo trato: si el asunto salía mal, le revelaría la fórmula de una poción que le haría olvidar aquel desengaño para siempre. Este segundo acuerdo fue una profecía autocumplida: aunque el diablo convirtió a Gambrinus en un músico y bailarín fantástico, la tal Flandrine ni era melómana ni solía fijarse en los tipos que iban por ahí moviendo el esqueleto. Pasó olímpicamente de Gambrinus, y el príncipe de las tinieblas, con el rabo entre las piernas, tuvo que cumplir su segunda promesa. Así fue como instruyó a joven en el arte de fabricar una espumosa bebida a base de cebada, levadura y lúpulo. Y Gambrinus, tibio de aquel brebaje fascinante que ya no pudo dejar de producir, olvidó para siempre a la inexpugnable Flandrine y se convirtió en pionero y rey de la cerveza.

Gambrinus, el nombre de aquel tipo que vendió su alma al diablo a cambio de unas cañas, ha acabado asociado irremediablemente al universo cervecero: a finales del siglo XIX Barcelona contaba con un par de cervecerías que se llamaban así y que funcionaban como punto de encuentro de la colonia alemana en la ciudad. Hoy, aparte de ser una de las marca de cervezas pilsen checas más conocidas, Gambrinus es el nombre de la red de franquicias de Cruzcampo que, desde 1926, cuenta además con la imagen del personaje de leyenda como símbolo de marca.

Que el relato asociado al icono de la cerveza tenga al diablo entre sus protagonistas puede que no sea casual. Se trata de un arquetipo con una fuerte carga simbólica que forma parte de nuestro inconsciente colectivo. Hablamos ni más ni menos que del señor del infierno, espacio de transgresión por excelencia reservado a aquellos que deciden caminar por el lado salvaje y no seguir las reglas. Y la cerveza, como otras bebidas alcohólicas, es en algunas ocasiones un producto asociado a esos momentos de relax en los que nos damos permiso para sacar a la luz nuestra parte oculta. Leer más

SALIERI, la sal de la vida

Los nombradores estamos acostumbrados a trabajar en proyectos muy embrionarios, desarrollados en los departamentos de innovación de las compañías o llevados a cabo por emprendedores con mucho talento pero poca financiación, por lo que muchos de ellos suelen quedarse por el camino en la dura pugna por existir. Decisiones marquetinianas, resultados de tests, falta de inversión o simplemente un cambio en el equipo directivo marcan la línea del to be or not to be de cualquier producto o servicio y, por ende, de su nombre de marca.

Por ello cuando uno se topa en el mercado con un nombre que ha salido de tus entrañas, un proceso químico se inicia en tu interior. La vitamina de la satisfacción empieza a correr por las venas, te sientes revitalizado, mineralizado, y una sonrisa de orgullo cambia el rictus de tu rostro. Y es que presenciar cómo un proyecto en el que has trabajado durante semanas o incluso meses, en el que has puesto la mente y el corazón, sale adelante, no es tan habitual en el mundo del naming.

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Así que nos hace especial ilusión hablaros de una de nuestras últimas creaciones que ya ha visto la luz. Es SALIERI, nombre de una nueva gama de patatas y aperitivos de gran calidad que designa también al grupo alimentario que los produce. Inspirado en el famoso compositor Antonio Salieri, evoca el carácter salado de los aperitivos. Es un nombre sencillo, universal, equilibrado y de gran musicalidad, que transmite buen gusto y alegría, porque SALIERI representa la sal de la vida, la dimensión lúdica, el disfrutar de buenos momentos y compartirlos con los amigos. Y, en otro sentido, como nombradores, SALIERI también es nuestra sal, nuestra alegría, pues simboliza la culminación de nuestro trabajo.

Ahora toca seguir con nuestro día a día, creando estrategias, nombres y eslóganes para proyectos muy diversos que quizás nunca lleguen a existir. Pero estamos seguros de que la fórmula del trabajo bien hecho, el tiempo y un poquito de suerte hará que nuestro portfolio siga creciendo.

Crear, copiar

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Dice Daniel Goleman en su libro El espíritu creativo que “si procuras encontrar el espíritu creativo en algún sitio exterior a ti, estás buscando en el lugar equivocado”. En el mundo del naming, y en concreto en el ámbito de las startups tecnológicas, se ha vivido en los últimos años una especie de fenómeno de creatividad gregaria que ha hecho aparecer por doquier compañías que incluyen en sus nombres los sufijos “-ly” y “-ify”. Esta estrategia de “marketing copión”, aunque parece contravenir el consejo de Goleman y en cierto modo también el sentido común, es habitual. Algunas marcas debutantes, en vez de hacer un examen interno en busca de aquello que puede hacerlas únicas, prefieren buscar su identidad en el exterior, posicionándose justo al ladito de su competencia mediante nombres clónicos que como máximo sugieren un “yo también soy así de innovador, cercano y moderno”. Como resultado, en su búsqueda de un nombre memorable y cargado de significado, muchas compañías creativas acaban poniéndose nombres no creativos, lo que les da una pátina muy maja pero las retrata en lo esencial y las condena al olvido. Para los que estáis en Pinterest, recomiendo este tablero creado por la namer Nancy Friedman alrededor de este fenómeno. Leer más