Naming y terminología

Los creativos de nombres de marcas que conozco proceden de mundos profesionales muy diferentes. Unos son periodistas, otros publicitarios, también hay quienes son músicos, químicos, poetas, autores teatrales o filólogos. Pero lo que cuenta sobre todo, como ya expliqué en un artículo anterior, ‘El buen namer’, es que todos reúnen un conjunto de características que los hacen ser buenos nombradores.

Yo me inicié en el naming cuando me dedicaba a la terminología. Entonces lo vi como un hecho natural. Como que uno de los campos de interés de la terminología tiene que ver con la creación de neologismos, pensé que esto no debía de estar muy alejado del arte de crear nombres para nuevos productos y marcas.

Desde entonces, mi dedicación al naming -entendido como disciplina y como proceso estratégico y creativo- no sólo me ha servido para confirmar aquella intuición, sino que también me ha permitido descubrir más puntos de contacto o ciertos paralelismos con el trabajo terminológico:

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Jordi García @Thinkcopy

HUBBIK, un hub con nombre propio

Nos hace especial ilusión hablaros de uno de los últimos proyectos en los que hemos trabajado y cuyo resultado acaba de ser presentado en sociedad.

Nuestro cliente es la UOC, una universidad online con un modelo educativo único, focalizado en su compromiso con el estudiante y con una formación de calidad totalmente personalizable, que fomenta la competitividad y contribuye al progreso de la sociedad.

En su afán por acercar la innovación y todo el conocimiento generado en su comunidad a la sociedad, y aprovechando que este año celebran su 20 aniversario, la UOC ha decidido impulsar una plataforma que apuesta por las ideas, por el conocimiento en red y por una universidad orientada a dar respuesta a los retos de la sociedad. Con dicha iniciativa, abre su oferta de servicios a todos los miembros de su comunidad, ya sean estudiantes, alumni, profesores, investigadores, personal docente colaborador, equipo de gestión o empresas e instituciones, para favorecer la creación de patentes, spin-offs y start-ups, e invita a instituciones a compartir sus retos de innovación y sus proyectos R+I, además de facilitar herramientas de soporte y una red de agentes externos especializados.

En cuanto al nombre de la plataforma, la UOC lo tenía claro, era necesario huir de un descriptivo y crear un nombre más distintivo, con carácter tecnológico, innovador y dinámico para plasmar su apuesta por una manera diferente de ser, pensar y de hacer, y por ello contrató los servicios de Neimik.

Tras un proceso exhaustivo de naming de ámbito internacional, el nombre que ha visto la luz es Hubbik, por ser moderno, notorio y muy intuitivo, ya que evoca rápidamente la naturaleza de la plataforma como hervidero de ideas, como eje concentrador de negocios (Business), innovación (Innovation) y conocimiento (Knowledge), de una manera singular a la vez que accesible, pues la UOC es una universidad abierta a todo el mundo.

Los periodistas que no amaban el naming

Naming periódicos

En las últimas semanas han aparecido cuatro nuevas cabeceras de prensa generalista, el periódico semanal Ahora, la revista Papel , y los periódicos digitales OK Diario y El Español.

Tal vez me equivoco, pero apostaría que ninguno de sus impulsores ha consultado con una agencia de naming o un experto en la materia para elegir el nombre de su publicación. Seguramente estos nuevos proyectos conseguirán sus objetivos empresariales. Pero si es así, lo harán a pesar de sus nombres, desprovistos de una estrategia de posicionamiento adecuada, sin ningún tipo de evocabilidad, carentes de modernidad y en absoluto notorios.

Cuando el nombre no encaja con el concepto de producto
Ahora  es el periódico semanal impulsado por el periodista Miguel Ángel Aguilar. El nombre de la cabecera parece rendir homenaje al que se consideraba uno de los mejores periódicos  de la época republicana y que también se denominaba así. Leer más

Nombres que mueven, nombres que paralizan

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Mi hija Marina tiene un año y medio y está aprendiendo sus primeras palabras. Uno de sus juegos favoritos es descubrir los nombres de todo lo que ve en sus cuentos. Generalmente se detiene en un par de páginas unos minutos y me señala, uno a uno, los dibujos que más le llaman la atención. Entonces yo le digo el nombre que tienen esos objetos representados y ella repite la rueda una y otra vez, señalando mientras escucha atenta las palabras, absorbiendo gradualmente un lenguaje que en el momento menos pensado acabará saliendo de su boca para regocijo y consiguiente babeo de sus padres, esto es, servidor y su pareja Anna.

Poner nombre al mundo que nos rodea, pasarlo por el tamiz del lenguaje, es darle un sentido que podemos compartir. Cuando somos niños, ese nombrar es especialmente pasional (en cierto modo, descubrimos el mundo al ritmo de las palabras). Entre los adultos, sólo algunas personas conservan esa suerte de pasión infantil por el lenguaje. Supongo que filólogos y escritores están entre ellos.

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Womala pasa a llamarse B·WOM de la mano de Neimik

Ya lo dice un dicho popular: las prisas son malas consejeras, y es que una decisión importante tomada en estas circunstancias puede no ser la óptima o incluso puede llegar a ser equivocada. Y esto es lo que les pasó a las creadoras de una aplicación puntera de coaching para la mejora del suelo pélvico femenino, cuando escogieron un nombre poco adecuado para nombrar su startup. El hecho de ir, en cierta manera, a salto de mata unido a su poca experiencia en crear marca, las llevó a salir al mercado con Womala, un nombre alegre, optimista, que en principio centra bien la naturaleza de servicio orientado a la mujer, pero que tiene connotaciones semánticas no deseadas para el producto/ servicio. Y es que además de que en castellano podría relacionarse con un adjetivo negativo, en inglés recordaba mucho a womale que en slang es un término bastante amplio usado para referirse a transexuales, hermafroditas, andróginos…etc, lo que distorsionaba el target principal de la app, las mujeres, y podía suponer un freno en los países angloparlantes.

B·WomPero, siguiendo con la cultura popular, rectificar es de sabios, y eso es lo que hicieron estas tres emprendedoras con buen criterio. En cuanto fueron conscientes de su problema con el nombre decidieron redirigir la situación, hacer las cosas bien y con la calma necesaria en todo proceso de creación de marca, y se pusieron en nuestras manos para llevar a cabo el renaming de su empresa.

Y así es como nace B·Wom, un nombre internacional, con personalidad 2.0., fresco y dinámico, que invita a las mujeres adultas a sentirse vitales y conscientes de su poder al aprender a superar las dificultades propias de la condición femenina, ganando así en felicidad, confianza y calidad de vida. También son las siglas inglesas de By Word Of Mouth (que significa “de viva voz, oralmente”), lo que conecta muy bien con la cercanía, amigabilidad y confianza que la empresa quiere transmitir en todo momento.

Y parece ser que B·Wom ha entrado con buen pie en el mercado nacional e internacional, pues ha cruzado el charco y ha conseguido cerrar con éxito una ronda de financiación, alcanzando incluso más de lo esperado, y además el ritmo de descargas crece a diario.

Ya lo decía Unamuno, “el progreso consiste en el cambio”, y en este caso, el cambio de nombre era necesario para progresar y llegar muy lejos.

Naming pasado de revoluciones

Un nombre de marca no sólo comunica a través de su contenido semántico, es decir los significados que se derivan del nombre o evocan en cada uno de nosotros, sino que también es capaz de comunicar por su sonoridad o su simbolismo sonoro, por su construcción y, aunque igual no nos lo hayamos planteado nunca, incluso la longitud del nombre puede decir mucho de lo que representa.

Por eso cuando llegó a mis oídos que el nuevo Suzuki Celerio empezaba a rodar, mi cerebro y mi experiencia nombrística lo imaginó como una berlina de gran tamaño o cilindrada, capaz de alcanzar los 180 km/h en un plis plas. Pero cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que la imagen proyectada por el nombre nada tenía que ver con lo que realmente era, pues por lo que he leído el Celerio es un vehículo urbano que te permite alcanzar los 120 km/h en autopistas sin ahogar el motor.

¡Qué nombre más poco oportuno! Y aquí os voy a dar mis tres razones:

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