Naming sin malos humos

naming para empresas

Últimamente me acuerdo de un viejo amigo que solía decirme que en Andalucía le dabas una patada a una piedra y salía un bar. Y es que en Barcelona está pasando algo parecido: chutas un adoquín y aparece una tienda de cigarrillos electrónicos. Es tal la proliferación de este nuevo artilugio que en cada chaflán puedes encontrar un nuevo negocio con su rótulo y nombre nuevos, lo que, como no podía ser de otra manera, me encanta.

Un día decidí pasear por la Ciudad Condal en busca de carnaza «nombrística» y en poco tiempo conseguí un muestrario muy suculento: Smokies, Zona Vap, Umeo, Ego Fum, Vape Smoke, Blue Smoke, De Fumée… Pero el nombre que consiguió golpear mi cerebro fue ESTANCO PURO, pues es lo mismo que sucede con “inteligencia militar”, son conceptos que en principio cuesta enlazar, a no ser que puro no tenga relación con pureza sino con el objeto de deseo de Sarita Montiel.

Pero el cigarrillo electrónico no es algo que se haya inventado ahora. El primero que creó un cigarrillo sin humo ni tabaco fue Herbert Gilbert, un estadounidense que diseñó un prototipo a pilas y que patentó en 1965, pero que nunca llegó a distribuirse por sus limitaciones tecnológicas y porque, para aquel entonces, fumar era un placer no perjudicial. Así que no fue hasta el 2003 cuando el cigarro electrónico llegó al mercado comercializado por la empresa china Golden Dragon bajo la marca RUYAN, cuyo significado es ‘parecido a fumar’. Y como no, tal como presagiaba el nombre de la corporación, se hicieron de oro.

Pero volvamos al presente. El cigarrillo electrónico no solo ha traído a nuestras calles todo un abanico de rótulos y nombres de marcas, sino que ha dispersado un vocabulario propio que ya ha empezado a calar entre nosotros. Y es que con el cigarrillo electrónico, también llamado e-cigarrete,  eCigarro, eCigarrillo, eCigar o e-cig, denominación más corta y más cool que seguro que ya está triunfando en círculos selectos, se ha dejado de fumar para empezar a vapear. Sí, ahora se vapea e-humo y se puede escoger entre un gran número de e-líquidos diferentes, todos ellos muy atractivos, y uno tiene que estar puesto en vaporizadores, atomizadores, claromizadores y demás, estos sin ‘e-‘ inicial.

Pero el cigarrillo electrónico no solo es el objeto de moda sino también el de la discordia por el gran desconocimiento que hay respecto a su composición y, lo más importante, al efecto nocivo de ésta, lo que ha creado un gran ‘e-vacío’ legal. Los últimos acontecimientos apuntan a que en el 2014 su uso y comercialización se verán fuertemente restringidos. De hecho se va a prohibir vapear en centros sanitarios, educativos y transportes públicos e, incluso, puede que permitan que el e-cig se venda en el estanco tradicional, no en el puro, por lo que los estanqueros tradicionales, no los puros, ya deben estar empezando a frotarse las manos.

Si finalmente el club de vapeadores se ve obligado a salir al exterior a vapear, además de tener que conquistar alguna esquina a prostitutas y fumadores, mucho me temo que el cigarrillo electrónico acabará inevitablemente por evaporarse. Pero eso solo el tiempo lo dirá. Yo seguiré a lo mío, atenta a los nuevos nombres que vayan apareciendo por las calles de mi ciudad.

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