Naming pasado de revoluciones

Un nombre de marca no sólo comunica a través de su contenido semántico, es decir los significados que se derivan del nombre o evocan en cada uno de nosotros, sino que también es capaz de comunicar por su sonoridad o su simbolismo sonoro, por su construcción y, aunque igual no nos lo hayamos planteado nunca, incluso la longitud del nombre puede decir mucho de lo que representa.

Por eso cuando llegó a mis oídos que el nuevo Suzuki Celerio empezaba a rodar, mi cerebro y mi experiencia nombrística lo imaginó como una berlina de gran tamaño o cilindrada, capaz de alcanzar los 180 km/h en un plis plas. Pero cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que la imagen proyectada por el nombre nada tenía que ver con lo que realmente era, pues por lo que he leído el Celerio es un vehículo urbano que te permite alcanzar los 120 km/h en autopistas sin ahogar el motor.

¡Qué nombre más poco oportuno! Y aquí os voy a dar mis tres razones:

1. La longitud del nombre:

La mayoría de los nombres de utilitarios tienen una o dos sílabas: Polo, Ka, Miï, Rio, Jazz, Focus, Punto, Clio, Auris, Twingo, Golf, Swift… Es cierto que existen nombres de coches urbanos con tres sílabas como Picanto, Sandero o CityGO, pero no es lo habitual. Y es que cuántas más letras tenga el nombre más centímetros y longitud añadiremos mentalmente al automóvil.

2. Crear falsas expectativas:

Explotar la celeridad en el nombre de un utilitario es un punto de partida equivocado, a mi parecer. Me podrán rebatir esta afirmación con el argumento de que en su segmento es el más veloz, pero es que para posicionarse en la celeridad no vale ser el más rápido en tu segmento, sino que tienes que ser un relámpago dentro del sector automovilístico.

Haciendo una búsqueda acelerada, he encontrado pocos vehículos que hayan decidido transmitir un exceso de revoluciones a través de la semántica de su nombre de marca. Existe el Aston Martin Rapide, el Opel Speedster o el Posche 911 Carrera, pero estos modelos sí pueden hablar de velocidad tal como demuestra la aguja de sus velocímetros. Luego me he topado con el Hyundai Veloster, un coupé deportivo, el Suzuki Swift, que también podría traducirse como ligero, y con el Škoda Rapid, otro “prometo y me quedo corto”, a la altura del protagonista de nuestro post.

En cambio, conceptos como la agilidad o vivacidad, que pueden estar relacionados en cierta manera con la velocidad, encajarían perfectamente para este tipo de vehículos pues estos aportan una conducción dinámica por la ciudad y facilitan el aparcamiento gracias a sus dimensiones. Y aquí podemos situar al Opel Agila y al Toyota Aygo, por ejemplo.

3. Estar fuera de órbita:

Hoy en día, hablar de velocidad en el automóvil no es políticamente correcto y no se encuentra entre las tendencias «nombrísticas» en el mundo de la automoción. ¿Cuántos muertos deja el exceso de velocidad en la carretera? ¿Cuántas emisiones de C02 genera el apretar demasiado el acelerador impactando negativamente en el medioambiente? Además, por otro lado, está claro que quién busca velocidad no busca un Suzuki Celerio o un Škoda Rapid. Está interesado en comprar una gran manada de caballos que le dé un subidón de adrenalina.

No voy a entrar en si gusta o no el nombre en sí, porque eso sería harina de otro costal, pero lo que está claro es que cuando «inflamos» un nombre proyectando un perfil de vehículo superior y unas características de las que carecemos, puede explotar en nuestras narices creando cierto reparo en el comprador potencial y decepción en el comprador real.

Por cierto, acabo de leer en una una web norteamericana que el nuevo Celerio es el antiguo Suzuki Alto, coche con una altura de 1.550 mm. En fin… sin comentarios.

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