La ciencia del “momento eureka”

creación de nombresA lo largo de la historia se han explicado multitud de historias de “epifanías creativas” en las que, de repente, alguien que anda atascado tratando de resolver una gran cuestión encuentra la iluminación en el suceso cotidiano más tonto y cambia la historia así, casi sin despeinarse.

Es lo que se suele llamar el “momento Eureka”, en honor al relato de la epifanía creativa por excelencia: el bueno de Arquímedes metiéndose en su bañera llena hasta el borde y revolucionando la historia de la ciencia al darse cuenta de que había puesto el baño perdido de agua. Según la historia, el tipo, que era un genio, en vez de maldecir a los dioses del Olimpo y correr a por la fregona, aprovechó el estropicio para descubrir del modo de medir el volumen y la densidad de un cuerpo irregular, y luego se echó a las calles de Siracusa jubiloso y en cueros a hacer público su descubrimiento al grito de “Eureka”, que en griego significa algo así como “lo he encontrado”.

Aunque sea archiconocida, la historia del baño iluminador de Arquímedes no aparece descrita en ninguno de sus trabajos, como tampoco está probado el famoso “manzanazo de Newton”.

Y aún así, la noción de que las ideas que marcan la diferencia llegan en “momentos Eureka” es algo muy arraigado culturalmente. Estas historias míticas, que han pasado de generación en generación, omiten todo lo que pasa antes y después de “la revelación” y no nos ayudan mucho a la hora de buscar caminos para estimular nuestra creatividad ya que la convierten en algo providencial e incontrolable. Como señala el experto en creatividad David Burkus en su libro The myths of creativity, “son historias que hacen de la idea, y no de la persona, el centro de la narrativa”.

En el polo opuesto al mito, la ciencia ha estudiado los procesos a través de los cuales generamos ideas, intentando descubrir qué lugar ocupan en él esos momentos de “insight” y qué factores propician su aparición.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihaly (su apellido merece un artículo aparte), famoso por ser el creador de la idea de Flow, ha estudiado a individuos que realizan trabajos creativos en diferentes campos y ha llegado a la conclusión de que todos ellos siguen un proceso similar, que puede estructurarse en cinco fases: preparación, incubación, insight, evaluación y elaboración.

Según el esquema de Csikszentmihaly, el “momento Eureka” o insight sería sólo uno de los elementos del proceso creativo y vendría precedido de una fase importantísima: la de incubación, a la que coloquialmente solemos referirnos como “pausa creativa”. En esa fase es necesario tomar distancia de la tarea que nos ocupa para facilitar la digestión de todo el conocimiento que hemos acumulado durante la fase de preparación. Sólo así es posible que en nuestro cerebro se produzca una conexión inconsciente de ideas.

La propuesta de Csikszentmihaly ha sido validada científicamente por diversos estudios. ¿Qué ha descubierto la ciencia sobre la pausa creativa?

  • La pausa creativa es más productiva cuanto más nos aleje del problema. Un grupo de investigadores del “Centro de la Mente” de la Universidad de Sydney ha realizado experiencias con alumnos y ha demostrado que ante un reto creativo, los individuos que interrumpen el proceso con una tarea no relacionada con él generan más ideas que los que se mantienen “pegados al problema”.
  • La pausa creativa es más productiva cuanto menos nos exija cognitivamente. Benjamin Baird, psicólogo de la Universidad de California, ha demostrado que si en las “pausas creativas” nos ocupamos de tareas poco exigentes cognitivamente, somos más productivos creativamente, ya que el receso nos permite dejar tranquila a la mente para que “divague y conecte en paz”.
  • Existe también otro fenómeno interesante en el proceso de incubación, que es el del “olvido selectivo”. Las pausas nos ofrecen la posibilidad de escapar de los callejones sin salida creativos en los que nosotros solitos nos metemos, ya que durante ellas olvidamos ciertos patrones y dejamos espacio para que en nuestra mente surjan nuevos planteamientos.

¿Cual es la conclusión de toda esta historia?

  • Mal que nos pese a los que somos un poco gandules, no hay “iluminación creativa” sin trabajo previo…
  • Merece la pena no hacer caso a ese angelito obediente que a menudo nos dice que no debemos movernos de la mesa hasta que demos con la idea. El hábito de forzar periodos de incubación dedicados a algo que no tenga nada que ver con el reto creativo que nos ocupa y que no nos exija exprimirnos el cerebro genera, según los estudiosos del tema, más y mejores ideas.

Podemos seguir explicándonos historias sobre manzanas gravitatorias y bañeras griegas. Está claro que son mucho más atractivas que las historias de tipos esforzados echando horas en un laboratorio a la luz de una vela. Pero si queremos aprender algo de los procesos creativos de los que más saben, merece la pena tener claro que la innovación es un proceso con varias fases en el que todas ellas son importantes. Incluso las que se quedan fuera de la fábula

Fuente: DAVID BURKUS, The Myths of creativity.

photo credit: zetson via photopin cc

  1. Pepe Albors Orengo

    Como decía Picasso , “si te llega la inspiración, que te pille trabajando”.
    Edison, decía que la innovación consistía en el 1% de inspiración y en el 99 % de transpiración, es decir, arduo trabajo y no sólo la genialidad de las ideas.
    Buen art. Gracias

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    1. neimik

      Muchas gracias por el comentario, Pepe. Sin duda, en lo que a expertos en temas de innovación se refiere, como Picasso y Edison no ha habido muchos. 🙂

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