5 tendencias del naming para partidos políticos

La política es una gran superficie de las ideas con oferta para (casi) todos. Y los partidos son, básicamente, marcas que venden buenos propósitos a cambio de un voto de confianza.

Las hay de toda la vida, con clientela afianzada. Las hay jóvenes, pujantes y arriesgadas. Y cuando analizamos sus nombres vemos que (como pasa en el mundo de las marcas en general) la modernidad implica en muchos casos un salto de lo auto-referencial y puramente descriptivo a lo inclusivo e inspirador.

Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina nos hemos querido fijar en los nombres de las principales formaciones que concurren, para identificar tendencias y ver si, de paso, se nos ocurre a quién demonios votar. Pues eso: manos a la urna.

1.- Los dos de siempre: si funciona no lo toques

Como en cualquier buen súper, en el economato de la política encontramos a las marcas de toda a vida, con parroquia fiel y sin ningún interés por revisar su nombre.

Por estos lares, las «top brands» son PSOE y PP. Dos clasicazos unidos a sus polvorientas siglas. Dos dinosaurios que, pese a tener nombres un tanto pasadetes, no necesitan darse chapa y pintura, porque su base de votantes es sólida y aún compensa las numerosas zonas de sombra que sus respectivas historias han ido creando.

Sus nombres («pesoe», «pepé»…Contracciones de sonoridad abstracta) están tan integrados en nuestro vocabulario de uso diario que no nos hacemos muchas preguntas al respecto de su significado exacto. Como buenas marcas clásicas, remiten a una historia y un imaginario (tradición, experiencia, posicionamiento ideológico «claro») que, como comentábamos, aún les proporciona suficientes votos.

Pero si nos empezamos a fijar en lo que hay tras esas siglas, no podemos evitar preguntarnos cuanto tiempo les quedará de vida. ¿Por qué?

  • En primer lugar, tanto PSOE como PP se denominan «partidos». Para ambos parece aún importante poner el foco en el «nosotros», en la organización, y no en el votante. Este es un enfoque anticuado y muy alejado de los principios básicos del marketing actual, tan obsesivo con lo customer-centric, y que otros partidos más jóvenes han adoptado desde el principio con toda naturalidad. ¿Cuántas nuevas formaciones con ambiciones políticas serias incluyen la palabra «partido» en su nombre? Lo cierto es que muy pocos. Y es que, con la que ha caído en los últimos años…¿Quién está lo suficientemente chalado como para darle su voto a un «partido»?
  • Luego están los descriptores, que antes aclaraban y ahora, más bien, despistan.«Obrero» o «socialista» son términos que tuvieron su sentido en el escenario de la España de la transición, una democracia en pañales en la que todo el mundo debía ser muy claro con su oferta política. Hoy, en un mundo en que la conciencia de clase o el rigor ideológico tienen más bien poca tirada, han perdido gran parte de su significado (cabe decir que el PP lo tiene mejor con la palabra «popular». Si a principios del siglo XX ésta estaba asociada a movimientos progresistas, hoy alude más bien a lo casposo, cosa que al PP, en plena batalla por la pole position de la derecha, no parece que le vaya del todo mal).

Sea como fuere, y aunque a los grandes se la traiga al pairo, lo cierto es que nombres descriptivos y siglas ya no brillan. Y los partidos jóvenes recurren a propuestas mucho más abiertas y emocionales.

2.- Los nuevos: inspira, aunque no digas mucho

Podemos, Ciudadanos, Equo, Vox… Si al principio fue la precisión de las siglas, sin duda la tendencia actual es crear nombres que intentan sintetizar grandes conceptos, transmitir una emoción y, a veces… poco más.

En pocas palabras, el manual del moderno «nombrador de partidos» exige que el nombre propuesto:

  • Suene bien y sea estético.
  • Sea diferenciador.
  • Transmita positividad y (en el mejor de los casos) potencial transformador.
  • Hable del votante y no de la organización.
  • Sea tan flexible como los pactos políticos.

Podemos es el ejemplo perfecto de este tipo de nombres. Construido sobre un verbo de movimiento en primera persona del plural, suena bien y otorga el protagonismo al votante. Implica acción y esperanza. Y aunque mucha gente opine que es un nombre oportunista y obsoleto (que solo tuvo sentido en los días del 15-M y del «Yes We Can» de Obama), está demostrando que, gracias a su flexibilidad, puede continuar teniendo impacto.

Sin ir más lejos, en estas elecciones la formación morada concurre asociada con Izquierda Unida y lo hace con el nombre de «Unidas Podemos». Como en los días del 15-M, el partido de Pablo Iglesias sigue tirando de «temas calientes coyunturales» (ahora del auge del movimiento feminista y de la lucha contra el patriarcado a través del uso reivindicativo del lenguaje) para darle nombre a su propuesta, añadiendo a un nuevo socio y sin perder la identidad por el camino.

Otros partidos en la línea activista, como Actúa, partido impulsado por Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares, tienen nombres creados a partir de un planteamiento similar.

Si Podemos es verbo, Ciudadanos es nombre. No nos habla de lo que sus votantes pueden hacer, sino «de lo que son». Esto refleja una visión más conservadora de la realidad y una apuesta por cierta inconcreción (¿Qué significa políticamente ser un «ciudadano»?) que en los inicios del partido casaba perfectamente por ese «espacio de centro-liberal» que la formación naranja intentaba ganarse. Hoy, aunque su propuesta esté más asociada a posiciones de derechas, la imprecisión y neutralidad del término sigue funcionando para un partido abocado a los pactos y que probablemente nunca necesitará posicionarse claramente.

Más nuevos, Equo o Vox son casos de partidos con nombres «marquistas», que apuestan por la emocionalidad, la estética y la modernidad.

Equo, una marca creada por la agencia del poeta Fernando Beltrán (artífice de nombres como Amena, Opencor o Rastreator), apuesta por la fusión de las palabras “ecología” y “equidad”. Tiene cierto aire corporativo, lo que transmite confianza. Permite al partido diferenciarse, desvinculándose del clásico término «verde» que usan otras formaciones ecologistas. Y, a la vez, le da una pátina estética de modernidad que a menudo encontramos a faltar en las formaciones de carácter ambientalista o social.

Por su lado, Vox es un nombre corto, memorable, sonoro y visual. Poco asociable a la ultraderecha clásica. Y que remite a ideas que pueden conectar con su público a partir de lo que muestra (es un nombre que habla de «Voz», de expresión, de «derecha sin complejos») y también de lo que no muestra (de rebote, «Vox» también nos habla de «Populi», un concepto central para el populismo de derechas).

3.- El remanente ideológico: describiendo que es gerundio

Aparte del PSOE y el PP,las siglas y el «nombre descriptivo» se han convertido en el terreno de los «partidos nicho».Formaciones pequeñas, «con las cosas claras» y en busca de un votante muy concreto.

Ahí tenemos, por ejemplo, al PCE (Partido Comunista de España) y sus varias escisiones – PCTE (Partido Comunista de los Trabajadores de España), PCPE (Partido Comunista de los Pueblo de España), PCOE (Partido Comunista Obrero Español) – a partidos clásicos como el BNG (Bloque Nacionalista Galego) o a formaciones más jóvenes como el PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal), que se permiten las siglas sin ningún rubor pero conuna sonoridad rompedora y con gancho.

También encontramos a partidos que no tiran de siglas, pero que sacrifican la creatividad en pro de la claridad (Recortes Cero-Grupo Verde).

4.- Coaliciones: del machihembrado al mareo conceptual

Con las barreras ideológicas más difusas que nunca, cada vez hay más casos de partidos que acuden a las elecciones en candidatura conjunta defendiendo un «gran objetivo común».

Las nuevas coaliciones siguen dos grandes tendencias muy básicas: o buscan un nombre aglutinador o se lanzan al ruedo a la brava, con fórmulas compuestas que en ocasiones suenan un tanto rocambolescas.

Entre los que han hecho algún esfuerzo, en estas elecciones encontramos apuestas emocionales (y ambiguas menos en el idioma) como la de Compromís. Nombres de vena poética, ricos en connotaciones regionales y kinestésicas como el de En Marea, la coalición gallega. Y esfuerzos admirables pero algo risibles como el de Som Valencians En Moviment. Sinceramente, al escucharlo no podemos dejar de imaginarnos a un montón de gente del Levante practicando aeróbic en perfecta coordinación.

Por otro lado, entre los que no se comen mucho la cabeza, nos encontramos con confluencias que generan, más que nombres, verdaderos eslóganes (En comú Podem – Guanyem el canvi) o con potajes descriptivos sin ningún sentido ni gancho (Los Verdes-Ecopacifistas Adelante).

5.- Los pequeños: a lo loco mola más

Ahora bien: sin duda, cuando el naming político se pone más divertido es cuando llegamos al terreno de los más modestos. Esos que tiran por la calle del medio porque, al fin y al cabo, no tienen nada que perder. De ese grupo, nos gustaría destacar cuatro casos, que reciben mención especial en este artículo:

  • Unión de Todos (UDT): vale que es un partido con el énfasis puesto en la multiculturalidad, pero… ¿En serio?
  • Muerte al sistema (+Más+): ¿Un poco siniestro? Quizás. Pero más claro, el agua.
  • Centrados: madre mía del amor hermoso. En este mundo de locos… ¡Por fin alguien apuesta por la cordura!
  • Partido Republicano Independiente Solidario Andaluz (RISA): sí señor. Desde luego,los tópicos regionales nunca estuvieron tan bien representados por unas siglas.

En fin… Después de localizar estas 5 grandes tendencias del naming de partidos políticos, la verdad es que aún no tenemos muy claro a quien votar. Quizás vosotros nos podáis echar una mano… ¿Qué opináis? ¿Realmente es tan importante el naming en el caso de los partidos políticos?

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