Archivo mensual: agosto 2015

Nombres que mueven, nombres que paralizan

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Mi hija Marina tiene un año y medio y está aprendiendo sus primeras palabras. Uno de sus juegos favoritos es descubrir los nombres de todo lo que ve en sus cuentos. Generalmente se detiene en un par de páginas unos minutos y me señala, uno a uno, los dibujos que más le llaman la atención. Entonces yo le digo el nombre que tienen esos objetos representados y ella repite la rueda una y otra vez, señalando mientras escucha atenta las palabras, absorbiendo gradualmente un lenguaje que en el momento menos pensado acabará saliendo de su boca para regocijo y consiguiente babeo de sus padres, esto es, servidor y su pareja Anna.

Poner nombre al mundo que nos rodea, pasarlo por el tamiz del lenguaje, es darle un sentido que podemos compartir. Cuando somos niños, ese nombrar es especialmente pasional (en cierto modo, descubrimos el mundo al ritmo de las palabras). Entre los adultos, sólo algunas personas conservan esa suerte de pasión infantil por el lenguaje. Supongo que filólogos y escritores están entre ellos.

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